Esa peculiar sensación anti gravitatoria que cada cierto tiempo me aqueja parece aproximarse con el paso de las horas, si, parece que con cada tic se aproxima y con cada tac se expande, amenazando con ello no solo a mis órganos como lo sugieren los cosmonautas, sino también a mi atmósfera, y es que ciertamente de un modo indescriptible parece que esta ingrávida anomalía afecta a mi olfato, mi gusto y mi razón, y me deja en ascuas, como cuando al desayuno le pones mermelada en la espalda a un gato, y lo tiras por la ventana para ver si cae con las patas o la mermelada hacia abajo, así mismo parece perturbarse mi aire.
Todo esto lo sé porque cada vez que comienzo a flotar en esa nebulosa sin sentido mi nariz siente ese particular olor que tienen los Nortes, pero en dirección al Sur, lo cual pone de cabeza lo que estaba desordenado, y yo, ahí, levitando en el medio, queriendo ir por aquel Norte que seduce a mi olfato con un dulzor propio del mas acido de los males, de la perdición mas dichosa de los hombres, pero quedándome como perro persiguiéndome la cola… Es un absurdo, como es que esas anomalías que según Einstein ocurrían una en mil millones en lo más lejano del universo, se presenta ante mí en tan solo 23 tics y 23 tacs, es para no creerlo, cómo el universo entero complota para que yo y mi discurso y mis ideas, y mi gusto, y que se yo, mi atmósfera, se vallan al carajo en los escasos 46 segundos en que como nebulosa, tu curioso aroma, ese de tímido cuello, de suave piel; hizo que mi razón, mi nariz y mi ser, fijaran un Norte en ti, ingrávida mujer.
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